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Carolina Caicedo nació en Costa Rica el 30 de abril de 1986 en una clínica llamada “Clínica Santa Rita” en el centro de San José, que es la capital de ese pequeño país de Centroamérica. Coincidencialmente, ella nació exactamente el mismo día que su hermana Marianne, quien había nacido dos años antes en Sao Paulo, Brasil.  Lo interesante es que sucedió el 30 de abril con dos años de diferencia, de manera natural, sin que mediara algún tipo de planificación.  La razón por la que nacieron en dos países diferentes es que su padre trabajaba con una empresa farmacéutica y durante su carrera fue trasladado muchas veces.

Durante sus primeros años en Costa Rica, sus padres contaban con servicio doméstico que inicialmente no fue muy estable porque la mayoría de las personas de ese ramo no estaban muy dispuestas a desempeñar ese tipo de labores. Su madre buscó por largo tiempo hasta que finalmente contrató a una persona del vecino país de Nicaragua.

Así es como llegó “Albita”. Se vinculó a la familia cuando Carolina tenía dos años y, en muy  corto tiempo, se convirtió en parte de la familia.  Albita que es el diminutivo de Alba, ayudo mucho en las labores del hogar, aprendió a cocinar como su madre y también las cuidó en su tiempo libre.  Ellas también se acostumbraron a ella y empezaron a amarla ya que, para las  niñas, fue como una segunda madre.

Poco después de que Carolina iniciara el Pre-Kinder en una pequeña escuela alemana que crearon su madre y unas amigas en vista de que, para poder ingresar a la Escuela Alemana, debían esperar por lo menos dos años más.  Fueron años muy felices para Carolina porque siempre estuvo rodeada de muy buenas amigas.  Ella iba a las casas de sus amigas, pero debido al enorme jardín de su casa, a todos sus amistades les encantaba ir a visitarla.  Después del Pre-Kinder sus padres decidieron inscribirla en la Escuela Internacional porque comprendieron que, al fin de cuentas, era mejor aprender inglés que alemán.  Inicialmente, su padre hablaba alemán porque era el idioma con el que creció, pero comprendió que el inglés sería mejor.

Ella vivió en Costa Rica por cinco años antes de mudarse a Bruselas.  En 1991 transfirieron a su padre a Bélgica a desempeñar otro tipo de funciones con la misma empresa y así empacaron sus pertenencias y abandonaron su país para iniciar una nueva aventura en Europa.  Su madre estaba muy feliz porque siempre había deseado vivir cerca de Suiza. Su abuelo había nacido allá y siempre les hablaba de ese maravilloso y pequeño país al cual todos pertenecían.  Bélgica se encuentra muy cerca de Suiza.  Cuando Carolina llegó a Bélgica a la edad de cinco años, comenzó una nueva vida, una nueva escuela, nuevas amistades, todo nuevo … lo bueno era que Albita se fue con ellos a Bruselas.  Todos se sentían muy felices porque ella había podido quedarse con ellos y seguir formando parte de la familia. Su padre los preparaba para las mudanzas con la siguiente frase:

Siempre decía: “sin importar qué, sin importar dónde, siempre será un hogar si el amor está presente”.

y con eso se sentía feliz porque toda la familia seguiría unida en esa nueva aventura. Su hermana Marianne y Carolina ingresaron en la International School de Bruselas (ISB) que estaba llena de estudiantes de todas partes del mundo y que hablaban idiomas diferentes, pertenecían a religiones distintas y a variados grupos étnicos. ISB tenía un área de juegos muy amplia con un elefante elaborado en tubos de concreto donde los niños pasaban horas jugando.  Ella recuerda vívidamente el día que trepó el elefante de concreto y quiso llegar a la cima.  Desafortunadamente se precipitó al suelo y en su caída se golpeó la cabeza con uno de los tubos y empezó a sangrar. Recuerda el horrible dolor de cabeza e inmediatamente empezó a llorar. Su maestra, que estaba cerca de la zona de juegos, llegó corriendo, la levantó y cubrió su cabeza con una manta mediana.  Estaba sangrando profusamente mientras se apresuraba a la enfermería. Al mismo tiempo llamaron a sus padres para  informarles sobre el accidente y su madre llegó a la escuela.  Su Padre llegó también desde el trabajo y la llevaron al hospital porque su cráneo tenía una herida que había que coser en vista de que era considerable.  Después supieron que muchos otros niños habían caído de ese elefante y que los accidentes eran frecuentes.  Ello disgustó mucho a sus padres porque la escuela no había tomado medidas a pesar del riesgo que presentaba esa estructura de concreto en el área de juegos. Se estaban adaptando a la nueva escuela y mejorando su inglés al tiempo que aprendían también francés y alemán y se adaptaban a los nuevos compañeros y ambiente.  La estadía en Bruselas les brindó momentos muy divertidos.  Guardaron muchos recuerdos de Bruselas donde pasaron los tres años siguientes.  Ella recuerda especialmente su primera navidad en la nueva casa. Las niñas estaban muy emocionadas y después de la cena sus padres les sugirieron que salieran a buscar a Santa Claus en el vecindario.  Todos subieron al automóvil: su mamá, papá, las hermanas y la nana.  Nadie quedó en la casa.  Estuvieron fuera alrededor de 15 minutos y cuando regresaron, el árbol de navidad estaba lleno de regalos.  ¡Había cuatro bicicletas! Carolina estaba totalmente sorprendida y muy feliz.  ¿Cómo pudo suceder si nadie había quedado en la casa? ¿Cómo aparecieron todos esos regalos? Ella sigue sorprendida hasta el día de hoy… La vida en Bruselas fue muy agradable a pesar del accidente que tuvo y de lo lejos que estaba del hogar.

Después de permanecer tres años en Bélgica, transfirieron a su padre de vuelta a Costa Rica en 1994 y lo nombraron director de la compañía en ese país.  Él estaba muy feliz de regresar a Centroamérica y su mamá tenía sentimientos encontraron porque también la estaba pasando súper bien en Bélgica. Carolina tenía siete años cuando volvió a San José y estaba encantada de ver otra vez a sus antiguas amistades y al tiempo se sentía triste por tener que dejar atrás buenos amigos y amigas. Al llegar a Costa Rica se fracturó una pierna jugando en el garaje del nuevo hogar.  Era el momento de entrar a un colegio nuevo y tanto Marianne como Carolina ingresaron al mismo colegio que se llamaba Country Day School (CDS). De vuelta en Costa Rica aprovecharon el buen clima e iniciaron actividades extracurriculares tales como equitación, natación y futbol.  Después de los años que pasaron en Bélgica, toda la  familia se sintió feliz de volver a ver a sus antiguas amistades.  Ella regresó al mismo colegio al que había asistido antes de viajar a Bélgica.  Volvieron con la convicción de que permanecerían en Costa Rica por muchos años y estaban encantados porque era como un segundo hogar para todos.  Se mudaron a una casa arrendada y sus padres decidieron adquirir una propiedad para construir su nuevo hogar.  Estaban muy contentos porque significaba que cada una de las niñas tendría su propia habitación.  Y así vivieron los cuatro años siguientes en San José.  Ella disfrutó del colegio y, más que nada, de todos sus amigos de antaño.

La vida en Costa Rica fue divertida.  Podían ir a la playa, al bosque o escalar montañas para hacer picnics con sus amistades y siempre estuvieron ocupados haciendo cosas.  Dos años después, la casa estuvo terminada y se mudaron a las montañas en un área muy hermosa y muy, pero muy cercana al colegio.  La vida era muy agradable.  Ella tenía una habitación que le gustaba mucho porque disfrutaba de privacidad.

Cierto día en el verano de 1997, mientras disfrutaban de vacaciones en Aruba, su papá les contó que lo volvían a transferir.  No lo podían creer y empezaron a llorar porque creían que se quedarían mucho más tiempo en su segundo hogar.  Acababan de mudarse a su propia casa y eran muy felices allí.  Y así, tuvieron que volver a mudarse.  Fue muy triste para Carolina tener que mudarse tan seguido de país a país, cambiando de cultura cada cuatro años, empezando una vida nueva después de cada mudanza y adaptándose a una nueva cultura.  Bueno, esta vez terminaron volviendo al verdadero hogar de sus padres que era Colombia, porque allí nacieron ambos.  En el verano de 1998 llegaron a Bogotá donde empezaron otra vez una vida nueva.  Tuvieron que buscar en muchos colegios porque la admisión no era sencilla y finalmente ingresaron en el English School.  Ella se sentía un poco triste al verse obligada a abandonar otra vez a sus amigos y tener que empezar a hacer amistades nuevas.  En el transcurso del segundo año se cambió de colegio a otro English School que fue mejor para ella… Empezó a hacer amigos y a adaptarse a la nueva vida.  Bogotá era una ciudad agradable y muchos familiares vivían en ella.  Sin embargo, era un lugar peligroso debido a la situación que se estaba viviendo en esos días, con secuestros y crímenes.  Sus padres las protegían mucho y contrataron a un conductor que se llamaba Jorge y que las llevaba a todas partes.  Viajaban a Cali con frecuencia, otra ciudad de Colombia en la que vivía un gran número de familiares, incluyendo sus cuatro abuelos.  También tenían muchos primos con los que pasaron muy buenos momentos.

Después de permanecer cuatro años en Colombia, Marianne se graduó en la secundaria y viajó a estudiar Administración Hotelera a Suiza.  Así, Carolina se quedó sola con sus padres en Colombia.  La fue a visitar un par de veces y le gustaba mucho ir a Suiza.  Cierto día Marianne sugirió que Carolina debería ir a Suiza a estudiar y vivir con ella.  Carolina fue a un campamento de verano cerca de Zúrich para conocer un poco más sobre la vida en Suiza antes de mudarse para allá.  Se sentía muy estresada ante la perspectiva de volver a mudarse en la vida y esta vez sin sus padres.  Un día en el campamento de verano, salió a pasear en bicicleta y, subiendo por una cuesta muy empinada, cayó y se fracturó el codo en viarias partes.  Fue un accidente terrible y se encontraba totalmente sola.  La llevaron con urgencia a un hospital de Zúrich y su hermana tuvo que viajar desde Lausana para acompañarla.  Sus padres se encontraban lejos celebrando su 25 aniversario de bodas en las Islas Canarias.  Apenas les informaron viajaron a Suiza de inmediato porque los médicos los estaban esperando para operarle el brazo.  Carolina se sentía muy nerviosa y preocupada ante la posibilidad de no lograr recuperar completamente el movimiento de su brazo.  Su madre permaneció a su lado en Zúrich durante toda una semana y su padre tuvo que regresar a Bogotá a trabajar.  Ese fue su comienzo en Suiza.  Después de la cirugía y cuando empezó a sentirse mejor, Carolina y su mamá  regresaron a Lausana para dedicarse a buscar apartamentos porque necesitaban encontrar un sitio donde ambas hermanas pudieran vivir.  Después de varias semanas de búsqueda, encontraron un apartamento muy bonito en el que cada una de ellas podía tener su propia habitación. Y así, se vio ingresando a una escuela nueva en Suiza que se llamaba Lemania donde tenía que aprender francés para poder estudiar y crear amistades nuevas.

Carolina tenía diecisiete años cuando llegó a Suiza y no hablaba ni una palabra de francés, pero el aprendizaje le tomó alrededor de ocho meses.  Creyó que empezaría la carrera de su vida, pero no fue así.  Ingresó en una escuela de negocios creyendo que eso era lo que le apasionaba pero pronto comprendió que no estaba hecha para los negocios.  El hecho de vivir por su cuenta con la hermana la ayudó a madurar, a ser responsable y aprender el significado de la vida.  Tenía que ser autosuficiente, una persona con iniciativa, de mente abierta y siempre en pos de lo mejor.  Suiza le brindó la lección de su vida.  Permaneció allá alrededor de cuatro años.  Su signo zodiacal es Tauro y eso podría ofrecer algún tipo de claridad.

En su fase siguiente, empezó a considerar la posibilidad de estudiar Diseño Industrial, Animación y Caricatura.  Así, en el año 2007 ingresó en la Escuela de Arte para preparar un portafolio para las universidades de Suiza y fue cuando descubrió realmente su verdadera pasión, el Diseño Gráfico.  En ese momento tenía 20 años y había conocido muchas culturas y mundos diferentes.  Empezaba a sentirse saturada de tantas mudanzas y del hecho de no haberse graduado a los 21 años, la que había sido su intención inicial.

En septiembre de 2007 fue a visitar a sus padres a Nueva Jersey, lugar en el que vivían en esos momentos.  Allí se dirigió a Nueva York para buscar escuelas de arte.  Alguien le había hablado sobre la Escuela de Artes Visuales (School of Visual Arts – SVA) y se sintió convencida de que asistir a ella era la mejor decisión para estudiar la carrera de Diseño Gráfico.  Abandonó Suiza cuando tenía 21 años y se dirigió a Nueva York, que había sido algo así como el sueño de toda su vida. Aplicó muy tarde a la SVA pero debido a su portafolio excepcional, la aceptaron.  Pensó para sus adentros: SÍ…  así es como tenía que ser.

Una vez más empezaba una nueva vida a su llegada a Nueva York. Llegar a esa ciudad desde Suiza significó un cambio total.  Allí descubrió muchas cosas diferentes.  La cultura y el ambiente no eran los mismos y fueron una buena experiencia de aprendizaje.

Estudió en la SVA durante un año y medio, pero no se sintió feliz con las personas que asistían.  Le agradaban mucho los profesores.  Le enseñaron cosas sorprendentes y grandiosas…  pero siempre se había sentido muy sola en la vida, quizás debido a los constantes viajes de su niñez y a la necesidad de tener que adaptarse tantas veces.  Ha sido muy difícil para ella, aunque vivió experiencias buenas y malas durante esas mudanzas de país a país.  Hizo muchas amistades que siempre seguirán en su corazón y espera que, a pesar de la distancia, esas relaciones continúen.  Tan solo la semana anterior, recibió la visita de una amiga de Costa Rica que conocía desde que nacieron y pasaron un fin de semana en su apartamento.  Actualmente vive en Rhode Island.

¡Su llegada a Nueva York le abrió completamente las puertas para ir en búsqueda de su sueño! Y convertirse en cuatro años en aquello que deseaba.  Le encantaría trabajar para una empresa importante como Directora  Creativa y de Arte para seguir su sueño de convertirse en una excelente profesional en lo que hace y luchar siempre por ser cada día mejor.  Es posible que en su futuro tenga que seguir viajando debido a la profesión, pero ya aprendió a adaptarse después de tantos años.  Ama hacer lo que hace y es su mejor compañía, y espera que siga a su lado para siempre.